Foto Via , Escrito por Francisco Esquivel Tapia

Había cargado mi mula con mis dos capachos, eran fruto de 5 días de arduo trabajo, decidí bajar por la Sierra de Ojanco en dirección hacia Vallenar para dirigirme hacia El Donkey, me habían contado que en ese lugar podría moler mis rocas de minerales, estaba seguro de que en ellas encontraría Plata u Oro, era verano y por esos polvorientos caminos en mi mula cargada me encontraba con Chañares y Añañucas, sus verdes tonos se entremezclaban con los distintos tonos del desierto florido de las otras especies vegetales, al caer la noche llegué hasta una quebrada, desde ahí pude vislumbrar una enorme planicie y a lo lejos un resplandor, al parecer se trataba de un poblado, seguimos andando con mi mula Florencia, se encontraba muy agotada tras bajar por esos cerros, queríamos descansar, seguimos el resplandor y llegamos hasta una hermosa ciudad, quedé maravillado ante tan hermoso paraje, eran casonas hermosas, había tabernas y hasta un salón de juegos, al parecer era mi día de suerte, dejé mi mula cerca de un pozo de agua para que se refrescara, me dirigí hasta un hermoso castillo, se escuchaba música, risotadas, habían unos mercaderes ambulantes vendiendo de todo, me acordé de mi amor y aproveché de comprarle un hermoso vestido de seda, lo guardé dentro de un bolsillo que tenía la montura a un costado del capacho, al volver al castillo quedé sorprendido por la presencia de un gigante, un enorme hombre de más de 3 metros de altura, se sentó a mi lado muy contento y me convido de su vaso vino para beber, conversamos un buen rato ya que con el gigante compartíamos la profesión de minero, me contó que se había encontrado un enorme Rosicler de Plata y que más tarde se lo entregaría a su amada…
Seguimos bebiendo por largo rato, era un pueblo de amigos, había mucha alegría, de pronto la música cesó, todos se pusieron de pie y apareció una hermosa mujer, de tez blanca, cabellos negros rizados, el gigante dio un paso adelante y saco desde su bolsillo una roca envuelta en un paño negro, al abrirlo se pudo ver los destellos de la Plata en estado plasmático, era un bello rosicler que emanaba destellos de color violeta, el minero gigante habló y dijo: “La Pacha Mama me ha dado esta bella roca mineral que yo he querido dársela a la mujer más hermosa de este reino, para ti princesa maravillosa la más linda belleza de las entrañas de la tierra, que ante la belleza de tus ojos no son más que un lastre”.
Todos los presentes aplaudieron y la fiesta continuó, hubo baile, mucho vino y alegría, yo embriagado poco a poco fui perdiendo la conciencia, al día siguiente desperté en medio de la nada con la cabeza apoyada en una roca, trataba de entender lo que había pasado pero no pude, lo único que seguía en su lugar era el pozo de agua donde había dejado mi mula, no estaban los salones, la taberna ni el castillo, menos la princesa y el gigante, al revisar mis bolsillos encontré un trozo de roca que tenía pequeños destellos de Plata, era un regalo que me había hecho el gigante.
Seguí mi rumbo consternado hasta llegar al Donkey, ahí, al contar mi historia pude comprender que había estado en el Tololo Pampa, poblado que se les aparece a los atacameños aventureros de corazón alegre, los demás mineros también habían estado en esas tierras, celebrado, reído, llorado y bebido.
Comprendí que el destino a veces nos pone encrucijadas y misterios en el camino, pero que lo más importante era seguir esforzándome en mi destino, ahora espero paciente escribiendo a la luz de mi lámpara a Carburo que pasen los días para bajar en mi mula y ojalá encontrarme con la luz imperturbable, la alegría de su gente, la belleza de su reina y mi colega gigante en el Tololo Pampa.
Claves Atacama
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