El Arica que se nos fue

El Arica que se nos fue

Por Ivette Oyanedel, diario La Estrella de Iquique, 2002

Son pocos los ariqueños que nacieron allá por el año 1920 y que aún mantienen vigente en su memoria los recuerdos de una época que les dio tanta satisfacción y de la cual hoy sienten una profunda nostalgia. Algunos de ellos incluso se muestran arrepentidos por no haber rescatado algo más de esa historia que hoy solo se puede conocer a través de libros y fotografías antiguas. Lamentablemente, ya no hay vuelta atrás.

Monumentos

La ex-Aduana es un valioso legado. El sismo que afectó a la ciudad en 1868 destruyó la anterior aduana, por lo que el presidente de Perú, José Balta, encargó a la firma francesa los planos de un complejo aduanero, cuya construcción tuvo lugar entre los años 1871 y 1874. Su diseño es neoclásico y su planta rectangular; sus muros son de ladrillos traídos especialmente desde Francia, los que en conjunto logran una armonía de proporciones y una perfecta simetría, según señala la ficha de Monumentos Nacionales.

En sus alrededores se ubican otros monumentos nacionales de gran importancia, como la hoy Catedral San Marcos. Este templo también fue erigido antes de la Guerra del Pacífico por Eiffel. La estructura tipo mecano llegó a Arica en 1875, luego de haberla pedido al mandatario peruano en reemplazo de la que había resultado destruida por el terremoto de 1868. Fue inaugurada en 1876. En tanto, en 1959 adquirió el rango de catedral, al desmembrarse Arica del Obispado de Iquique. 

La Joya del Pacífico

En 1910 Arica, con unos 7 mil habitantes, ya tenía el aspecto de una ciudad moderna. Junto al trazado de las calles que se iban ampliando paulatinamente, se instalaron servicios públicos y edificaciones de importancia, como el Hotel Pacífico (1927), que tenía 6 pisos, terrazas, 80 habitaciones y una monumental escalera de mármol. Su construcción fue como un anticipo del auge turístico que tendría Arica años más tarde, según manifestó el arquitecto Eduardo Hoyos. “Es lamentable que una obra con tanto valor, histórico sobre todo, haya desaparecido, pero la verdad es que el Hotel Pacífico era irrecuperable en esa época y quizás con toda la tecnología que existe hoy, en esta también. El edificio era de hormigón armado, con fierro en su interior y lo que se estropeó fue el fierro. Quizás la conjugación de la humedad y la salinidad provocaron que la enfierradura se oxidara. Esa era la construcción más grande que había en Arica por esos tiempos y creo que se demolió alrededor del año 1960, ya que para el Mundial de 1962 ya no existía”, rememoró.

A este lado del río

El profesional agregó que en el año 1935 se fijó, mediante un decreto supremo, el límite urbano de la ciudad, que comprendía desde el lecho del río San José hasta la puerta de entrada del cementerio. De ahí hacia el hospital —que antiguamente se llamaba Hospital San Juan de Dios— y finalmente hasta el Morro. “De ese tamaño era Arica. No pasaba al otro lado del río. Recién lo hizo por allá por el año 1952, más o menos, e incluso diría que mucho después, ya que recién en el año 1960, aproximadamente, se construyó la población Juan Noé”, señaló.

No obstante, algunos solo admiraban desde lejos las nuevas construcciones, pues pertenecían a otro sector y época. Es el caso de Rosa Güisa, una mujer lúcida, con mucha energía y vitalidad, a despecho de sus 80 años. Ella nació en un sitio que quizás muchos ni siquiera han oído mencionar, pero que existió y fue el hogar de algunos ariqueños: La Chimba. Era una vega que abarcaba desde la calle General Velásquez hasta Bajos del Chinchorro. “Mi familia y yo primero vivimos en La Chimba, pero del sector de Chacabuco con Velásquez, alrededor del año 1922; luego nos trasladamos más cerca de la playa porque iban a construir áreas verdes. Al parecer, en ese entonces ya se estaba pensando en construir el hotel, la universidad, no sé. Ahí, cerca del mar, vivíamos alrededor de 14 familias. Algunas vivían de las hortalizas y la pesca, ya que en ese entonces la gente trabajaba para vivir y no para tener más y más, como se acostumbra ahora. También trabajaban en totora. Para el riego de los cultivos sacábamos agua de una vertiente de agua dulce. Eran tiempos lindos, difíciles de olvidar. Yo salí de ahí el año 1953, si mal no recuerdo, y en 1956 o 1957 tiene que haberse ido el último habitante de La Chimba. Así los pastizales se secaron y La Chimba desapareció de a poco”, asegura.

Contraste

Todos estos antecedentes, a más de alguno le harán reflexionar sobre lo poco que conocen su ciudad. Y más aún sobre cómo ha crecido durante todas estas décadas. Testimonio de ello es un fotografía en la que se puede apreciar perfectamente los límites de la ciudad, que por el norte llegan solo hasta el colectivo Vicuña Mackenna, que se encuentra en la calle Juan Noé (antiguamente denominada avenida La Paz) con Patricio Lynch y Baquedano. Esta construcción data del año 1940 aproximadamente y tiene réplicas, según afirma el arquitecto Eduardo Hoyos, en Iquique, Tocopilla y Antofagasta. Fue una iniciativa de la Caja de Seguro Obligatorio —que después se llamó Servicio de Seguro Social— para incentivar la mano de obra, agrega el profesional.

Por su parte, el arquitecto Patricio Arancibia explica que como este edificio colectivo antiguo existen otras construcciones que, si bien no son monumentos nacionales, los turistas y visitantes las admiran por su atractivo. Estas construcciones del casco antiguo de la ciudad son testigos de una época de esplendor y desarrollo económico en los tiempos en que Arica era puerto libre. Ellas están insertas en el “Plan Integral de Recuperación del Centro Cívico de Arica”, que en 1993 el arquitecto Patricio Arancibia presentó a la Municipalidad. De alrededor de 2.140 casas, cerca de 100 son conservables. Entre ellas están la casa Copaja, ubicada en San Marcos con Patricio Lynch, que resalta por el hecho de haber recibido al padre Alberto Hurtado; el Círculo Peruano, en 18 de septiembre esquina General Lagos; la Casa Grace, la Casa Bolognesi, hoy remodelada por el Consulado de Perú, etc.

Arancibia enfatiza que lo importante es recuperar estas casonas que guardan en sus paredes la historia de un Arica que no se debe olvidar y que se debe mostrar a los hijos y nietos.